
Más de la mitad de la energía que necesitamos debe proceder de alimentos ricos en hidratos de carbono.
Debido a la carencia de que los hidratos de carbono (presentes en alimentos como pan, pasta, patata, arroz o legumbres) engordan, su consumo es insuficiente y dista mucho de las cantidades mínimas recomendadas por diversos Organismos de la Salud. Sin embargo, estos alimentos son fundamentales en toda dieta equilibrada y deben consumirse prácticamente en todas las comidas del día.
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Vitaminas y minerales: es una buena fuente de vitaminas del grupo B (tiamina o B1, riboflavina o B2, piridoxina o B6 y niacina, necesarias para el aprovechamiento de los hidratos de carbono, proteínas y grasas, entre otras funciones) y de elementos minerales como fósforo, magnesio, potasio y zinc.
Fibra: es de sobra conocido que el pan tiene un alto valor nutritivo y es fácil de digerir. Para tomarlo de manera adecuada, se recomienda comerlo en pequeñas cantidades y repartirlo durante todo el día. Como acompañamiento de otros alimentos o en bocadillo, hace que la comida sea más equilibrada, ya que a las propiedades del pan, se le añaden las de la verdura, carne, pescado o, por ejemplo, el queso o los embutidos de los bocadillos. Además, al tomar el pan junto con otros alimentos, se reduce su velocidad de absorción y con ello la tendencia a la obesidad y a la diabetes del tipo 2.
Materias primas del pan:
Harina de trigo, agua, sal, levadura, aditivos naturales.
En todos los panes, el principal interés nutricional en hidratos de carbono complejos (almidón) y su bajo contenido en grasa, sin despreciar su contenido proteico. Pero además, el pan no contiene grasa saturada y colesterol. Su origen vegetal también explica su contenido en fibra, más abundante en los panes integrales.
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